Las horas invisibles

Cuando llevaba unos 8 meses viviendo sola, una tarde, quedé con un amigo para hacer un café. Era alguien que lo había vivido en sus propias carnes durante mucho tiempo.

Merendamos, nos contamos las últimas anécdotas de nuestras vidas y pasado un buen rato, como si hubiera estado esperando el momento oportuno, me preguntó “Bueno, ¿que? ¿Y te caes bien?”

  • Andrea: ¿Perdona?

  • Amigo: Si… Ya sabes, ahora has pasado muchas horas sola y has conseguido conocerte, entonces… mi pregunta es ¿Te caes bien?, ¿Te gusta lo que has visto?, ¿Eres la persona que querías ser?

Supongo que puse una cara similar a la de quién se queda en blanco en un examen y él me acabó confesando su historia a modo de ejemplo. En pocas palabras, me dijo que a él no le gustó lo que vio de si mismo, pero que por suerte había podido cambiar algunas cosas.

Sabía a qué se refería, pero no le expresé muy bien que sentía yo. Quizás él entendía de sobras lo que le dejaba ver entre líneas, lo que realmente pensaba y ahora quiero contaros a que se refería.

Mucha gente te preguntará como es vivir solo y como lo llevas. Acojonante (con perdón) el número de personas que te dice “Yo no podría”. Sólo hay un tipo de personas que te preguntan “¿Como lo llevas?” mirándote fijamente a los ojos en un tono indescriptible entre preocupado, tierno y nostálgico que te desnuda la mirada al momento.

Podría definir como precioso el vínculo que se forma entre vosotros durante un instante. Son aquellas personas que también han vivido lo que yo llamo las horas invisibles.

(…)

Cuando uno esta vive solo es cuando se pregunta que utilidad tiene su existencia. Si todo lo que haces no lo ve ni lo sabe nadie, ¿Para que sirve?

Seguramente, alguien que tampoco tenía la explicación fue quién se inventó aquella frase tan cargada de significado “Compartir es vivir”.

Es bonita y a medias veraz. Lo que pasa es que tenemos la sensación que al compartir nuestras experiencias es cuando estas pasan a ser reales. Esto es porque cada vez que vivimos junto alguien cualquier cosa esta tiene un impacto en nuestro entorno y en detonante…unas consecuencias. ¿Pero que pasa con lo que no has compartido?

Diez meses más tarde de instalarme aquí empecé a notar que ya era parte de este paisaje. Poco a poco mi imagen y mi carácter han ido dejando huella y ya no soy una desconocida. La gente de las tiendecitas de abajo me saluda al pasar, los vecinos me sonríen, la del pan me dice “¿Lo de siempre?”… Ya soy una más de este entorno.

Sin embargo, al margen de todo aquello que he compartido con este paisaje tengo que decir que a veces me parece mentira que lo haya logrado. Todas esas horas que he pasado SOLA… cocinando, escribiendo, limpiando, mirando películas, arreglándome, cuidando las plantas, ordenando, bailando… parecen irreales. Me da la impresión que todo ha sido parte de un sueño o de mi imaginación.

No hay nadie que las pueda corroborar. Todo podría haber sido distinto, incluso no haber existido y no habría testigos donde agarrarse. Casi se podría decir que vuestra lectura es lo que contribuye a hacerlo real.

El tema esta en que aunque no hubiera nadie, aunque esos momentos no se hayan compartido, hay que matizar que es durante esas horas (invisibles para los demás) cuando asoma tu más estricta esencia. Tu personalidad. Tú decides que hacer y tú ves como te impactan y te cambian tus propios actos. Es como si un escultor se esculpiera a si mismo.

Me explico. Cuando uno vive en compañía, convive, pone en consonancia sus manías con las de los demás, pacta, negocia, y en parte, sacrifica un trozo de su manera de ser y de su espacio para dárselo al otro. Mientras que vivir solo es ver lo peor y lo mejor de ti mismo, perdonarte y exigirte, intentando moldearte para que lo peor aminore. Es conseguir poder vivir contigo mismo sin acabar volviéndose loco.

Me gustaría que todos aquellos que tienen tan claro que ellos no podrían hacerlo se paren a pensar por que. Es importante. Tienes que saber quién eres, tus puntos débiles y sobretodo tienes que ser capaz de encontrar la voluntad y la fuerza de acallarlos o cambiarlos. Vivir solo es conseguir el equilibrio entre descontrol y autocontrol.

Fíjate que la gente que ha vivido sola suele contestar “Es difícil al principio pero luego bien”, es así.

Podría definir como precioso el vínculo momentáneo que se forma entre dos personas que saben de qué hablan, cuando los demás no.

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