Capítulo 8: Cuando la puerta se cierra

Tengo un compañero de trabajo que asegura conocer una droga que desata lo más íntimo de tu mente. ¿Su efecto? Provocar euforia si todo va bién o depresión si existe algún tema que escondes o que te ofusca. ¿El problema? A menudo, por no decir siempre, ni tu mismo sabes que es lo que realmente llevas en tus profundidades, y por lo tanto, lo que puede desatar dicha pastillita en ti.

Pensé que con la soledad de la independencia podría pasarme algo similar. Que llegaría un día, pasada la adaptación inicial, en el que me podrían atacar mis miedos, mis fobias, y por supuesto, no habría nadie para frenar el posible hundimiento entre esas 4 paredes… La duda regía en ni siquiera saber qual sería mi punto débil.

Hay que decir, que una vez probado, la mayor parte del tiempo no es así ni por asomo. Cuando uno está solo (como mínimo en mi caso) tira hacia adelante sin pararse a pensar un momento. Apenas es una opción, entre trabajar, lavar los platos e ir a dónde sea, la de pararse a mirar QUÉ te preocupa. Supongo que uno no se lo permite demasiado, a veces porque no puede y a veces porque no quiere.

Pero al final todo llega, y como si me hubiera tomado esa pastillita, he confirmado que cuando uno vive solo se encuentra de cara con sus profundidades. Muchos temas pueden afligirte o proporcionarte un mal día, pero casi todos tenemos algún temor, o algún fantasma que nos acompaña y finalmente una noche o tarde de domingo decide salir para saber que tal nos va.

El 13 de Julio de 2011 salía de la oficina preguntándome como habría ido la operación de Chip. Por la mañana, me había despedido de él cómo si fuera un día normal. No era una intervención a vida o muerte, sólo le abrirían para saber de qué provenía el líquido que se le formaba en el hígado.

Fué bajando el cerro que llevaba de la oficina a la estación dónde me pregunté por que a esas horas aún no sabía nada de cómo había ido. Aquello, desencadenó preguntarme también si mis padres me hubieran llamado en caso de que algo hubiera salido mal. De sopetón, en ese momento, me di cuenta que Chip había muerto. Ya no hacía falta correr o esperar. Sola, en medio de ese paradero boscoso, me paré, cerré los ojos y sentí el calor del Sol en mi cara. No sé porque, sabía con absoluta certeza que él ya formaba parte de aquello.

Nunca pensé que lo que más me vendría a la mente en los ratos tontos sería él. Sin embargo, tiene sentido y es curioso que les llamen animales de compañia y le eche de menos ahora, ahora que no la tengo.

Once años a su lado me parecieron pocos. Con su muerte se apagó un trocito de mi corazón y por mucho que me lo vendan tengo que confesar que no lo noto ni le siento cerca. Sé que no está, pero sé que forma parte mi. Allí dónde estés, contigo nunca me sentí sola y ahora que no estás recurro al calor del Sol los días que te necesito.

No nos engañemos, un día llegará. Estaras solo y no te arrepentiras de tu modo de vida, pero no sera el mejor de tus momentos. Entonces, un fantasma, un miedo o quizas una fobia o un simple recuerdo, vendra a abrazarte. No pasa nada, no lo evites, sólo debes mantenerte con naturalidad y dejarle venir, así como dejarle ir sin encasquillarte. Pasado el momento de reflexión… tener muy presente que los platos aún están por hacer 😉

Como dice una buena amiga mia “El día que te mueras te levantaras como si fuera un dia normal” (Me resultó muy impactante la frase en su momento).

P.D: Finalmente, muchas gracias a todos aquellos que esta semana de ausencia habéis mandado comentarios. Espero que os hayan ido muy bien la fiestas y la vuelta a la rutina. Y si alguno está un poco decaído le recomiendo altamente el libro “Los cerezos en Diciembre” de Ariel Andres Almada. Prometo escribir sobre algo más alegre la próxima entrada, un beso!

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4 comentarios en “Capítulo 8: Cuando la puerta se cierra

  1. La veritat és que es fan estimar^^ Una cosa semblant em va passar amb la meva gossa, tot i que no van ser tants anys, i encara ara, hi ha dies qure obro la porta i tinc la imatge de la gossa venint-me a veure, i saltant i movent la cua constantment. Però tal com dius, el que s’ha de fer no és pas evitar aquests pensaments, si no, viure’ls amb naturalitat i respecte.(fàcil de dir-ho, i díficil de fer-ho, certament).

    PD: La foto m’ha agradat, especialment la zona dels ulls, que m’ha sorprès pel color. (potser és un efecte òptic, no ho sé)

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