Amaneceres en comunidad (parte 2)

Jueves. Tras desayunar, ducharme y vestirme me propongo no salir del edificio sin averiguar algo.

Minutos más tarde abro y salgo al rellano de la segunda planta del edifico. Me fascina pensar lo dificil que resultaba hacer esto anoche. Da igual. No sé a que puerta llamar. Pensar que parezco una loca es inquietante y me pregunto si lo habrá oído alguien más. Voy a casa de Montse, mi vecina favorita, la de al lado. Montse no está. Vamos bién.

Bajo (no me atrevo a subir). Llamo a la puerta del primero y tras 15 segundos de notar como da vueltas la mirilla ante mi, abre Paquita (la que se pasa el dia discutiendo con su hermano pero las farras se las pegan igual). Me presenta a Casper (El perro). Le pregunto si ha oído gritos por la noche.

  • Paquita: ¿Esta noche? Mmm… si oí como a alguien llorar.

  • Yo: ¿Y gritos no?

  • Paquita (Cara de culpabilidad): ¿Sabes que pasa? Yo pensaba que era la chica que vivia antes en tu piso. Era un poco rara, ¿sabes? Tenia una amiga… y se las oía… y subí y nos enfadamos. Bueno, no nos discutimos eh, sólo que… claro, se las oía discutirse… y otras cosas… y tras “hablar” se fueron. Pero no se fueron por hablar conmigo ¡eh!, se fueron al poco pero no se porque. Ahora veo que no eran ellas”.

  • Yo: No no, yo creo que es encima mio, en el tercero, es decir dos pisos más arriba.

  • Paquita: ¡Nooo! ¡Allí no!

  • Yo: Ah, ¿no? ¿Entonces sabe quién vive ahí?

  • Paquita: No.

  • Yo: Ah…Ok… Probaré a contárselo a la presidenta de la escalera a ver…

  • Paquita: ¡Aquella…! A mi nunca me abre la puerta…si tú lo consigues…

Cierra la puerta.

Ok, en dos minutos nos hemos enterado que Paquita es una señora a la que no le gustan las lesbianas y que gracias a Diós también lo oye (loca no estoy), pero asegura que los del tercero no son sin saber quién vive allí. Además oye más los llantos que los gritos, cosa un poco estraña, ¿no? Finalmente, por algún motivo la presidenta no le abre la puerta, ¿Sera lesbiana?

Reflexiono. No he conseguido nada, así que subiré hasta el cuarto. Paso por el tercero. Me paro ante su puerta y me imagino unos ojos saltones apuntándome. Me armo de valor y pico. Si abre resolveremos rápido el misterio. Diez, nueve, tensión, siete, seis, cinco, tensión, tres… 2…1… ¡Nada! Pues nada, sigo subiendo. Ya en el cuarto pico a casa de la presidenta. Susto. Un hombre de unos 85 años con un pie en el nirvana me abre la puerta. Su aspecto arrugado y extremadamente grisaceo da un poco de yuyu. Me comenta con una vocecilla de cuento que es el marido de la presidenta (el próximo presidente) y yo haciendo ver que hablo con un mortal le cuento lo sucedido. Me dice que él no ha oído nada.

  • Pre-cadaver: ¿Sabes que podemos hacer? La próxima vez que lo oigas, sales al rellano y averiguas si viene del tercero o no, así podemos hacer algo al respecto.

  • Yo: ¿Pero usted sabe quién vive en el tercero?

  • Pre-cadaver: No.

  • Yo: Mm…¿Y la señora que vive justo a su lado no lo habrá oído? Si yo que estoy justo debajo lo oigo, la de justo arriba debería, ¿no?

  • Pre-cadaver: ¡Ah…! ¡Eva es sorda!

Finalizamos la conversación y me bajo de nuevo. Claramente deberían dar un tour por los pisos vecinos cuando te enseñan uno… Decido irme al trabajo, ya insitiré más tarde.

Llegando al hall principal oigo una puerta. Me paro y miro por el hueco de las escaleras, es un hombre. A riesgo de que sea él, lo esperaré y le preguntaré si también lo ha oído.

Un chaval de unos 30 y algo aparece. Se ve jóven a pesar de las canas.

  • Yo: Oye, una pregunta. ¿Tú has oido gritos esta noche?

Cara de susto. Cara de sorprendido. Cara de “¡Oh! ¡Una mujer!”

  • Cara de “Oh una mujer!”: ¡No! He dormido muy bién (sonrisilla).

Os ahorarré los minutos en que me cuenta que desde que superó la pulmonía duerme como un lirón. No parecía él. Sin embargo, tendría que haberlo oído si o si. Es quien vive justo al lado. No entiendo nada, me voy al trabajo.

(…)

Me tiro todo el día contando mi aventura con los del curro. Montamos conspiraciones y posibles maneras de atacar al enemigo. Nos echamos unas risas y vuelvo con fuerzas ¡Como le oiga le salgo a buscar! Al llegar vuelvo a mirar la puerta de Montse. Con la posición enrollada del felpudo me ilumino, ¡Esta de vacaciones! Cojonudo, ¿Cómo se va a enterar nadie si Montse no está, Eva es sorda y pre-cadaver a las cuatro de la madrugada estaría de cháchara con Diós? ¡¿Cómo?! Lo más curioso es que nadie sepa quién vive en el tercero, que yo oiga un hombre y Paquita una mujer y que a pesar de no saber quién vive en el tercero Paquita me diga que seguro que no viene de alli. No entiendo nada… ¿Esconden algo?

(…)

22:14 h Llaman a la puerta.

Tanto miedo tanto miedo y abro sin ni mirar por la mirilla. Lo pienso cuando ya casi he abierto de palmo a palmo. Una señora bajita con gafillas me mira sonriente.

  • Incognita: ¡Hola!! ¡Soy la presidenta!!!

  • Yo: ¡Oh! ¡Encantada!

  • Presidenta: Mi marido me ha contado lo sucedido, me sabe muy mal que hayas pasado por esto sola. He estado investigando. Eva dice que también lo ha oido. Ella está segura que es la del tercero, no la ha visto nunca pero asegura que está loca. Dice que siempre llega muy tarde y que mueve los muebles de noche. Además, de vez en cuando también la oye gritar en sueños…. Si lo vuelvas a oir llámame a la hora que sea y saldremos todos a ver que pasa. Me da su móvil.

Cierro la puerta. Me alivia que alguien me ofrezca ayuda por si se repite el episodio. En cambio, al irse, mi mente se vuelve a poner en marcha: ¿No representa que la presidenta era tan borde? A mi me ha parecido muy amable. ¿Porque nadie sabe quién vive en el tercero? ¿Porque Paquita y Eva oyen una mujer y yo un hombre jóven? Y sobretodo… ¡¿EVA NO ERA SORDA?!

Pásados unos minutos decido hacerme un esquema del bloque (Lo tenéis en la foto del post) dónde pretendo situar a los vecinos que conozco en sus respectivos pisos a ver si así descubro quién puede ser el/la del tercero.

(Llegados a este punto os invitaría a que os leyerais el capítulo 9 “Sé dónde vives” dónde en su momento hice una descripción de los vecinos que conocía del bloque. A ver si llegais a la misma conclusión. Sé que te da pereza, pero te aseguro que el cuerpo no se te queda indiferente…)

Si lo habéis hecho estariamos de acuerdo en que…

– El hombre que habla con su amigo imaginario es el mismo Jesús, hermano de Paquita, que en sus ratos muertos discute con Casper, al parecer un perro tímido que no ladra demasiado. Entonces… nos quedan dos, ¿Lo veis, no? ¿Vuestra mente esta llegando a la misma alarmante conclusión que la mia?

– El de arriba, al que oía en muy mal estado, parece ser que era Toni alias ¡Oh! ¡Una mujer! Quién padeció una pulmonia que casi lo fulmina, pero que ahora, tras superarla duerme como un lirón.

Entonces… A pesar de lo que oigan las señoras… Si yo juraría que se trata de un chico jóven… Eva dice que siempre le oye llegar tarde… y teniéndo en cuenta que no queda ni un sólo hueco más donde meterlo en el esquema…y que siempre que le veo está bajando de algún piso superior al mio… ¿El loco del bloque es…? ¡NO PUEDE SER! ¡No quiero volverlo a pensar! I-L-U-M-I-N-A-C-I-Ó-N ¿¿El guapo del bloque es el loco del bloquee?? Muerte cerebral…

00:48 Cierro la luz con tensión… me imagino a ese chaval guapetón que un día me encontré a las dos de la madrugada en la puerta del edificio abriendo los ojos más de lo necesario antes de darle al interruptor ¿Dormiré hoy?

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¿Mejor en el balcón?

Siguiendo con el capítulo anterior creo justo y en bandeja hablar ahora de las desventajas, los contras de la independencia, y de paso contestar al típico comentario “¿Solo? A mi no me gustaria nada, ¡eh!, Te aburrirás fijo… Lo tienes que hacer todo tu… debe ser un pocooo…” (vamos que esta pensando que tu vida es una mierda). Nunca sé distingir si la gente que hace este tipo de comentarios siente pena por ti, te quiere ayudar, o es que no se lo fo… en casa, perdón, que fuma en el balcón. Sea cual sea la motivación de su comentario merecen una respuesta.

¡Pues mira si! vivir solo puede llegar a ser una auténtica mierda por muchas cosas. Hoy, ahora y aquí te lo acepto. Porque es una situación en la que uno debe enfrentarse demasiado a menudo con: sus pensamientos, sus temores, sus descuidos y con sorpresas varias que a veces no tienes tantas ganas de tener. Para que te hagas una idea, he hecho una lista de 35 cosas que te pueden pasar. Los interesados estar atentos que si lo probais mínimo mínimo ¡Os pasan 5 de estas!

Independizarse puede ser terrible cuando….

  • …Vas a la compra y compras menos de lo que necesitas. En consecuéncia vuelves al super consecutivamente los tres días siguientes porque siempre te falta hago “esencial”.
  • …Vas a la compra y compras más de lo que necesitas. Ves tristemente caducar las cosas.
  • …Tienes que comer lo mismo dos o tres veces a la semana porque todo lo fabrican para parejas o familias.
  • …Se acaba el papel para envolver el bocadillo…
  • …Se acaban las cosas para meter en el bocadillo…
  • …Se acaba el pan para hacer el bocadillo… (Siempre te das cuenta a las 11 de la noche).
  • …Te encuentras un bicho y tienes que matarlo tú o… tú.
  • …Vas a dar una vuelta y empiezas a pensar “¿Desconecté el secador?, ¿Pagué el seguro del hogar?, ¿Donde viviré ahora?”
  • …Se acaba el papel de toda la casa y lo descubres… en el baño.
  • …Se acaba el champú y tú… en la ducha.
  • …Se acaba la bombona de butano o le pasa algo al gas y tu… en la ducha.
  • …No hay toallas cerca al salir de la ducha y debes ir desnuda y mojada a por ellas (sé que no te lo parece, pero es un drama)
  • …Te hartas de pensar “¡¿Cual de los 3 platos que se cocinar cenaré hoy?!” Toca aprender más…
  • …Pagas el agua, la luz, la comida, el gas, el alquiler, el cine, el cubata, el tren, los chicles…
  • …A pesar de tener el mando para tí, no hacen nada en la tele.
  • …No tienes con quien comentar los chistes de Arturo Valls.
  • …No puedes ir desnudo porque hace MUCHO FRIO y lloras junto a la estufa.
  • …Te comes la olla por algo y nadie te frena.
  • …Descubres que la ropa no se mete sola en la lavadora, no sale sola de la lavadora, no se cuelga sola en el tenderete, no se plan…, no se guarda sola en el armario…
  • …Toda la ropa sale azul de la lavadora.
  • …Te encuentras mal y nadie te hace nada (Esta es por votación popular la peor).
  • …No puedes abrir el tarro de comida… y la ves.. y tienes hambre…pero no puedes…
  • …No puedes abrir la botella del agua… y es la última…. y tú… con la albóndiga en la boca.
  • …Tienes que perseguir a los de la inmobiliaria para que persigan al propietario para que pague o arregle algo que le toca a él. No lo hacen. Persigues tu al propietario y al final… te persigue él a ti.
  • …Tienes miedo a morir resbalando por la bañera y te imaginas días ahí tirado con la brecha en la cabeza… y te acabas dando mucha lástima a ti mismo.
  • …Se muere la planta y parece que haya muerto Chanquete 😦
  • …Bricolage…
  • …Barrer macho, ¡Hay que barrer cada dos por tres!
  • … Fregar los platos…
  • …Te aguantas el grito “No uses NADA!” cuando alguien se acerca a la cocina después de fregar los platos y limpiar.
  • …Mirar los cristales y pensar que si no llueve los limpiará el siguiente inquilino… y llueve… y llueve con barro.
  • …Confias que algo de la nevera sigue bueno y…ya no y.. era lo último…
  • …No sabes que hacer un fin de semana y todo el mundo tiene plan…
  • …No recuerdas porque te fuíste de casa….
  • …Cuando te pasan varias de estas un mismo dia…

A ver…El que lo ha probado sabe que el mal de la independencia es que acabas conviviéndo en un dialogo interno contigo mismo que a menudo se exterioriza, es decir, que acabas hablando solo por casa reprochándote cosas como “¿Por qué no compré salsa para los raviolis?“. Lo mejor es que te quieres tanto que te perdonas al momento siguiente con alguna excusa como “Porque no ponen las salsas al lado de los raviolis en el super y se me pasó, no pasa nada.”. Y lo mejor de lo mejor es el ingenio que se te desarolla para solucionar estas cosas. El resultado es o muy lamentable o digno de monumento “Pues nada les echo el gazpacho que sobró ayer…!”.

En fin… No sé como lo ves tú, yo le veo más desventajas a tener un hijo y la gente no para. Si crees que no es para tanto y te atrae la idea, lo puedes probar. Si en cambio, te has quedado tranquilo porque te he dado la razón puedes reflexionar sobre el tema en el balcón, no pasa nada.

Capítulo 13: En vilo

Se mira en el espejo del vestuario y se ve guapa. La cara sonrosada, el pelo límpio, lacio… los ojos le brillan… ¡Vamos de aquellos días que las hormonas te hacen sentir bién!

Entra en la consulta con su batita blanca y le empiezan a realizar las pruebas de siempre. Aunque esta vez algo va distinto, al poco tiempo le sueltan…

– Oh, aquí tenemos lo que parece ser un quister… aunque… no se ve del todo normal.
– ¿No?
– No, su contorno…Bueno… ¡Vamos a mirarlo de cerca!

Las luces se cierran, las pantallas en blanco y negro se amplian y empieza a oír des de los altavoces lo que le dicen ser la frecuencia sanguínia del no supuesto quister.
La miran, le dicen… “Sé que la palabra tumor asusta pero podría ser y seguramente es benigno.

– ¿Lo es?
– No lo se, miraremos ahora los parámetros que cumple.

Lo analizan: el tamaño, el ruido, la composición, el color… se lo cuentan paso a paso, con calma y palabras raras que ayudan a que no se desmonte. Le cuesta escuchar al médico, su atención es cada vez más absorvida por la bolita de la pantalla.

En un arranque de cordura piensa “Ahora no me da la gana de afrontar esto” (Como si a alguien le diera la gana), y sin quererlo, empieza a percibir como si de la misma manera que uno retira la cortina del baño, todas sus preocupaciones se amontonan hacia a un lado. Ya nada es más importante.

Aún a oscuras, recostada en la camilla, una lágrima caliente le brota por el rabillo del ojo. La siente resbalar hasta la oreja y la seca disimuladamente cuando ya es fría (sólo una). ¿Cómo puede ser que incluso en esos momentos a uno le siga dando verguenza que le vean llorando?

Una hora más tarde en el mismo vestuario ya no es ella. No se ve guapa, no está contenta y siguen sin confirmar si es bueno o malo. Tardaran un mes.

–         –        –         –          –          –        –          –         –       –            –          –

El día que me llamaste no sabía ni como abrazarte. Se me encogió el corazón. Te miraba y recordaba, cuando nos parecía que lo más grave que nos podía pasar era estar solas la primera noche después de una ruptura. No habíamos tenido un problema de verdad. Ahora lo ves, ni uno sólo.

(…)

– ¿Como estas? ¿Duermes bién? ¿Miramos una peli?
– ¿Sabes? La primera noche no es mucho peor que cualquier otra, ni siquiera te has hecho a la idea. La verdad, la segunda tampoco.

A partir del tercer día… con que no sientes ningún dolor, ni un sólo síntoma y sigues sin creértelo, tu vida vuelve al cauce habitual. Sólo que todo te da un poco más igual y que de vez en cuando te pillas abstraída pensando “¿De que tipo será?”… De hecho, constantemente. La cabeza compagina muy bien los temas cuando quiere, ¡Eh!

(…)

Los días empezaron a pasar. Me gusta pensar que conseguimos que no pensara en ello algún segundo. Que dijimos las chorradas necesarias y escuchamos cuando tocaba. Que no se notó demasiado que los pocos que lo sabíamos también habíamos parado el mundo pero que a la vez notó muy de cerca el “No sin ti”. Que le dimos fuerzas para aceptar lo que viniera. Que sabía que estábamos ahí. Me gusta pensar que lo hicimos bien, quiero creelo.

–          –           –          –           –        –       –           –           –            –        –

21 días después me llamó como si nada, señalando la pantalla del ordenador dónde un correo electrónico enunciaba formalmente “Ausencia de malignidad”:

– Han salido bien…
– ¡¿Lo ves?!! ¡Lo ves como tu no podías crear eso! ¡¡¡NO sabes!!!

Era una frase tan tonta y me hizo tanta ilusión oírla. Ahora si sabía como abrazarte. Nuestros cuerpos se fundieron en un sollozo de alegría.

P.D.: Le dedico este capítulo a todos los que esperan. A todos los que como un relámpago lo supieron des del minuto uno. A los que tras el susto, finalmente no fué nada y a los que sólo fué el principio. Pero sobretodo, a la chica de ese espejo que ya duerme tranquila.

Atracción animal

El día que descubres que sobre la faz de la tierra existe una persona cuyo olor corporal es capaz de desatar en ti una fiera que sólo piensa en agarrarle de la camisa y empotrarlo contra la primera superficie sólida que se encuentre, es inquietante.

Muchos, te han “hecho gracia”, de algunos… te has enamorado, pero muy pocos han conseguido hacerte perder los papeles con su mera existencia.

Hoy no hablamos de ese tonteo acaramelado cuando todo el pescado ya está vendido, ni de ir quemado como una sarten. Hablamos de un tipo de atracción que sólo te la genera él (o ella) y te hace vibrar porque ni si quiera sabes si lo conseguiras.Vamos… que te has encoñao y para ti esa persona se ha convertido en “tu meca sexual”.

¿Es su pelo? ¿Son sus manos? ¿Esos brazos de leñador? ¿El porte? ¡¿Su voz?! ¿La mirada penetrante que te clava o la dichosa sonrisa de las narices?… Es para lo que naciste.

Ya no hay marcha atrás, pensarás en él todo el tiempo necesario hasta que lo consigas o… se baje del tren, descubras que no sabe ni hablar, tiene novia, es gay, o… ¡Que está como tú! En algunas ocasiones incluso te va a dar igual como esté él. Te hará sentir tan viva que no te importará. Eso si, te oirás decirte a menudo… “No me puedo morir sin…”.

Y para terminarlo de arreglar, lo que más te gusta… es que todo esto te hace sentir MUY mujer. Si si, como si no lo fueras por otras mil razones, es él quien se encarga de recordarte que tienes curvas, lengua, uñas y dientes y muchas ganas de usarlos.

Al grano. ¿Esto que tiene que ver con vivir solo?

¿Has tenido alguna vez la sensación de no querer llegar a casa para que no te pregunten sobre tu estado de ánimo? Suele ocurrir cuando estás enfadado, decepcionado o excesivamente contento por algo que no tienes ganas de contar.

Cuando uno vive sólo nadie le pregunta al llegar. Y si lo que le pasa es que está excesivamente contento por algo, el llegar a casa y disimular, se transforma en llegar a casa y explotar de felicidad.

La atracción que uno puede llegar a sentir por alguien (le corresponda o no) es un sentimiento que entremezcla el nirvana y la locura. Una sensación agradable que se puede catapultar hacía la auténtica euforia con solo uno de sus gestos. Desde que lo descubriste, tu subconsciente sólo hace que alucinar despierto creando, imaginándo, una guia rápida sobre las 50 maneras más (para unos seran fáciles para otros salvajes) de digámosle “acceder” al elemento en cuestión. Porque la imaginación es la fuente por naturaleza de lo erótico, y estándo solo, puedes alimentar esa potencia interior hasta hartarte. Eres libre para dedicar tus horas a imaginar… lo que sea.

No hay amor, ni confiança, a veces ni siquiera pasión. ¡Es química! Uno de los mejores sentimientos que existen en la vida. Puede surgir con cualquiera en cualquier momento y sin embargo… a veces, es tal la fuerza del sentimiento que provoca miedo, y la mayoría de mecas sexuales no se llegan a probar. Una lástima.

El día que ya viviéndo sola empecé a sentir una atracción rozando a lo animal por alguien entré en una de las épocas más “bonitas” que he vivido.

Seguramente, si te pasa o te ha pasado después de los momentos de euforia entráste en un mar de dudas. Empezaste con los “Y si…” y no terminaste. Pero… ¿Y si el parara el ascensor y te dijera “Te comería hasta que no te quedara gota de oxígeno para respirar”?

Seguramente se te cortaría la líbido del susto. Pero piénsalo, es lo que más deseas en el mundo, él te despierta ¿Y no lo harás porque no lo conoces? ¿Por que no es adecuado?

Piénsalo de nuevo, ¡probablemente tus hijos tendrían que ser suyos y no de un hombre que te ame! Se trata de compatibilidad de cuerpos, no de carácteres. ¿O a caso la naturaleza fomenta el apareamiento con el macho que cuenta mejor los chistes?

Podrías provocarle de tantas maneras… Una caída de ojos, una intensa rozadura de dientes entre la carne de tus labios, una mirada, un comentario punzante, un tirante que se cae, un caminar firme o una sonrisa amable. Podrías… pero no deberías…

P.D: La mayoría de mecas sexuales no se llegan a probar… Una lástima.

P.P.D: Para los románticos (no me mateis, otro día ya hablaremos de amor).

Capítulo 8: Cuando la puerta se cierra

Tengo un compañero de trabajo que asegura conocer una droga que desata lo más íntimo de tu mente. ¿Su efecto? Provocar euforia si todo va bién o depresión si existe algún tema que escondes o que te ofusca. ¿El problema? A menudo, por no decir siempre, ni tu mismo sabes que es lo que realmente llevas en tus profundidades, y por lo tanto, lo que puede desatar dicha pastillita en ti.

Pensé que con la soledad de la independencia podría pasarme algo similar. Que llegaría un día, pasada la adaptación inicial, en el que me podrían atacar mis miedos, mis fobias, y por supuesto, no habría nadie para frenar el posible hundimiento entre esas 4 paredes… La duda regía en ni siquiera saber qual sería mi punto débil.

Hay que decir, que una vez probado, la mayor parte del tiempo no es así ni por asomo. Cuando uno está solo (como mínimo en mi caso) tira hacia adelante sin pararse a pensar un momento. Apenas es una opción, entre trabajar, lavar los platos e ir a dónde sea, la de pararse a mirar QUÉ te preocupa. Supongo que uno no se lo permite demasiado, a veces porque no puede y a veces porque no quiere.

Pero al final todo llega, y como si me hubiera tomado esa pastillita, he confirmado que cuando uno vive solo se encuentra de cara con sus profundidades. Muchos temas pueden afligirte o proporcionarte un mal día, pero casi todos tenemos algún temor, o algún fantasma que nos acompaña y finalmente una noche o tarde de domingo decide salir para saber que tal nos va.

El 13 de Julio de 2011 salía de la oficina preguntándome como habría ido la operación de Chip. Por la mañana, me había despedido de él cómo si fuera un día normal. No era una intervención a vida o muerte, sólo le abrirían para saber de qué provenía el líquido que se le formaba en el hígado.

Fué bajando el cerro que llevaba de la oficina a la estación dónde me pregunté por que a esas horas aún no sabía nada de cómo había ido. Aquello, desencadenó preguntarme también si mis padres me hubieran llamado en caso de que algo hubiera salido mal. De sopetón, en ese momento, me di cuenta que Chip había muerto. Ya no hacía falta correr o esperar. Sola, en medio de ese paradero boscoso, me paré, cerré los ojos y sentí el calor del Sol en mi cara. No sé porque, sabía con absoluta certeza que él ya formaba parte de aquello.

Nunca pensé que lo que más me vendría a la mente en los ratos tontos sería él. Sin embargo, tiene sentido y es curioso que les llamen animales de compañia y le eche de menos ahora, ahora que no la tengo.

Once años a su lado me parecieron pocos. Con su muerte se apagó un trocito de mi corazón y por mucho que me lo vendan tengo que confesar que no lo noto ni le siento cerca. Sé que no está, pero sé que forma parte mi. Allí dónde estés, contigo nunca me sentí sola y ahora que no estás recurro al calor del Sol los días que te necesito.

No nos engañemos, un día llegará. Estaras solo y no te arrepentiras de tu modo de vida, pero no sera el mejor de tus momentos. Entonces, un fantasma, un miedo o quizas una fobia o un simple recuerdo, vendra a abrazarte. No pasa nada, no lo evites, sólo debes mantenerte con naturalidad y dejarle venir, así como dejarle ir sin encasquillarte. Pasado el momento de reflexión… tener muy presente que los platos aún están por hacer 😉

Como dice una buena amiga mia “El día que te mueras te levantaras como si fuera un dia normal” (Me resultó muy impactante la frase en su momento).

P.D: Finalmente, muchas gracias a todos aquellos que esta semana de ausencia habéis mandado comentarios. Espero que os hayan ido muy bien la fiestas y la vuelta a la rutina. Y si alguno está un poco decaído le recomiendo altamente el libro “Los cerezos en Diciembre” de Ariel Andres Almada. Prometo escribir sobre algo más alegre la próxima entrada, un beso!