Capítulo 9: Sé dónde vives

Uno puede cagarse en su jefe, criticar a sus amigos o partirse la cara con sus primos. Uno puede ser un antisocial de mierda o simplemente tener un mal día, que siempre le quedará el llegar a casa, ponerse sus zapatillas y dejarlo todo fuera.

Sin embargo, tampoco esto te quedará si te llevas mal con quien compartes escalera.

No sale a cuenta. ¿Nos acordamos de la famosa frase amenazadora «Sé dónde vives»? ¡Pues TU vecino LO SABE DE SOBRAS! Y es que a pesar de no poder entrar (en principio) en tu casa, su furia puede traspasar paredes y paciencia con demasiada facilidad. Sábido es que el ingenio se agudiza cuando hablamos de putear al prójimo. Lo constata el elevado número de personas que vive encontrándose mierdas varias en el rellano, pitillos en el toldo o meadas en el tenderete. Por no hablar de aquellos cuadros que se cuelgan a las 4 de la mañana después de una discusión…

Un vecino enfadado puede conseguir que te encierren en el manicomio. El problema reside en que un vecino «normal» TAMBIÉN. Porque cualquiera con vida pròpia puede ver la tele hasta la una de la madrugada, ir en tacones a todas horas, secarse el pelo con algo parecido a una motosierra, o apestar todo el bloque porque ¡HOY había ANTOJO de sardinas!

El buen vecino no existe. Des del primer pesado que dejó pastar a su rebaño un día tras otro por el campo del de al lado siempre hay alguien que se salta la frontera entre el convivir y el tener jeta.

Son un peligro! Conozco el caso de uno, que ni loco, ni enfadado, más bien despistado, se dejó el grifo abierto. Estuvo tanto rato y se creó tal humedad en la pared, que sólo faltó que sus queridos compañeros de escalera tuvieran un mal día y pegaran un portazo para que dicha pared se les cayera encima! La señora tuvo que salir por la ventana antes no fuera chafada. Parecía un buen vecino.

Personalmente, he llegado a la conclusión que todas las comunidades cumplen en menor o mayor medida con lo que predican «La que se avecina», «La Comunidad» y «13 rue del percebe». Todas récords de audiéncia porque a todos nos pasa!

Yo tampoco me he salvado, y aunque bastante buenos, me han tocado de lo más particular… Así por encima contaros que convivo entre:

  • Abajo: Dos hermanos jubilados que se montan más juergas que yo (por suerte no la lían mucho).
  • Al lado: Una señora muy maja que lleva 7 años en el paro odiando a la sociedad. Con el tiempo se ha quedado un poco sorda, aunque dice que le da igual que «Por lo que hay que oír…». (Va muy bien porque le puede abrir la puerta al del gas si hace falta, se acerca al prototipo de vecino ideal).
  • En algún lugar: Un hombre que sigo sin saber que tipo de bicho o amigo imaginario tiene, porque él le habla pero nadie contesta (creo que si fuera un perro o un gato les hubiera escuchado alguna vez…)
  • Un guapo escurridizo (No es nada particular, pero sería interesante saber a que puerta hay que ir a pedir sal).
  • Y la estrella de la corona… ¡El de arriba! Los primeros días pensé que se trataba de un guarro de concurso, le escuchaba cada noche realizar su gargajo de turno. Sin embargo, con los días me tiene preocupada. Le oigo toser a todas horas, a veces vomitar. Encima, hay noches que sufre de terrores nocturnos y grita en medio de una pesadilla. Estoy por subir un día, pero aún no sé si a decirle que si me necesita estoy abajo o a ver en directo el mísil con pelillos que tiene por escoba.

¡Ante todo no pasa nada! Quien tiene un vecino también tiene un tesoro! Los hay que te ayudan con lo que haga falta y sólo hay que respetarse un poquito para que la convivencia marche bién. La frase «Hoy por tí, mañana por mi» se la inventó aquél que esperaba su turno mientras la de arriba se tiraba a todo el barrio…

Finalmente, sería injusto decir todo esto y no reconocer que tipo de vecina soy yo. Pues bien, soy la que nunca está y que cuando lo hace dice «….Va por ustedes» y pone su selección musical dando palmadas. Soy la que se rie hasta las tantas y también, la que se ha cambiado el secador por no acabar con la felicidad general del vecindario.

La verdad, empiezo a pensar que les gustan mis listas d’Spotify ya que no sólo me saludan, sino que encima ¡lo hacen contentos!

P.D.: A veces el silencio se realiza más por respetar el espacio del otro, que por gusto.

Capítulo 0: Antes no se llega

A los 17 años mis padres se fueron de vacaciones a la playa. Tras una semana de paz y tranquilidad restaba tumbada en el sofa cuando el gato se levantó y miró hacia la puerta. Oí con resignación como la cruzaban y a gritos asomaban por el pasillo precedidos por sus manías.

Fué ese momento exacto la primera vez que pensé «El día que pueda, me voy…».

A los 20 años mi ex me dijo de ir a vivir juntos, a pesar de haber dicho que sí, como ya he dicho… mi ex.

A los 23, era incapaz de irme de casa con Chip (el gato) sufriendo un cancer que acabaría con su vida.

A los 24 queríamos ir a vivir con las amigas. A los 24 y medio nos dimos cuenta que quizas no era una buena idea.

A los 25, teníamos un estupendo proyecto de montar un piso con los amigos. Después de mucho imaginar nos dimos cuenta que necesitabamos más dinero para poder seguir imaginando.

A los 26

– Mama, creo que me voy de casa…

– Ya has empezado a mirar?

– No… (Mentira)

– Con alguien?

– No.

(…)

A las tres semanas, después de un empacho diario de mirar pisos por internet, conseguí encontrar el ansiado pisito en el centro! (Era el único requisito… en el centro!).

Cuando tenía 17 años y creía que vivir en casa de los padres a los 30 era de fracasados, nunca imaginé que estaba a punto de empezar a vivir en un país en crisis. Que todo aquello que nos parecía imposible estaba empezando a suceder y que poco a poco nos familiarizariamos con todo tipo de imagenes decadentes: Familias corrientes en casas okupas, ancianos en cajeros, conocidos regirando las basuras, tasas altísimas de immigración ir y venir, masas de gente en el paro… En fin… ahora más que fracasados gandules, para mi, la mayoría de gente que vive en casa de sus padres a los 30 básicamente subsiste como puede y los respeto con todo mi ser.

Por lo que me respecta, nueve años más tarde y después de mucho pensar y ahorrar, parece ser que lo he conseguido… feliz día de la independencia!

(Espero poderos contar en este blog que tal es y que os podeis esperar de este tipo de experiencia vital 😉 ) Bienvenidos.